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Limpieza y orden en la empresa

Esto tiene que desaparecer y ahí falta algo

Un día de trabajo en la vida del Encargado Antonio García

Empresa Electroluxes Servicios SAU

7:45 h

Afuera todavía está oscura, está lloviznando, en general no hace muy buen tiempo. El Encargado Antonio García ya está allí, es uno de los primeros. Y es el primero en darse cuenta de que falta la estera contra la suciedad en la zona de entrada de su empresa Electroluxes Servicios SAU. “Alguien puede resbalar y romperse el cuello. Esto no puede ser. Hay que poner algo enseguida.”

8:05 h

La estera contra la suciedad ya está en la zona de entrada cuando empiezan a llegar los empleados. El Encargado Antonio García está orgulloso de sí mismo. Pero no por mucho tiempo. Porque nada se le escapa y junto con sus colegas entran montones de hojas secas en la empresa. “Esto tiene que desaparecer. Necesito una escoba, aunque una barredora sería aún mejor.”

10:22 h

La zona de entrada está limpia y resplandeciente, ni una hoja otoñal por ninguna parte, ni delante ni detrás de la puerta. Perfecto... excepto... sí, excepto por los charcos. O quizá ha sido el mastín del tío del segundo piso... “¡Ni se te ocurra, chucho! ¡Vaya perro enorme, más grande que un caballo! Esto tiene que desaparecer. Y rapidito.” En un momento, el Encargado Antonio García instala dos paragüeros.

12:01 h

Oh, vaya. El propio Encargado Antonio García ha resbalado. ¿Y ahora qué? Su Ayudante Julián dice: “Tiene que desaparecer de aquí, Antonio García”. Si la junta lo viera ahí sentado. ¿Cómo es que su jefe no vio la cáscara de plátano en la cocina? ¿Y dónde está el cubo de la basura?

13:08 h

El Encargado Antonio García sigue cojeando un poco, pero afortunadamente no ha ocurrido nada grave. Pero lo malo es otra cosa. Aunque al levantar la vista se cruza con un montón de basura que es necesario recoger inmediatamente. El área exterior tiene peor pinta que un piso de solteros después de una juerga. Llama a su Ayudante: “¡Julián, todo esto tiene que desaparecer, pero ya!” Y él mismo toma las pinzas de agarre y retira rápidamente colillas, restos de comida y pañuelos de papel.

14:57 h

Gran chico, Julián. El Encargado Antonio García está satisfecho con su Ayudante. Todos los desechos están empaquetados en bolsas de basura y depositados en el recipiente para separar materiales. “Pero... ¿el chico no ha...? ¿O sí? ¡Sí, lo ha hecho...!” Julián ha tirado también la comida de Antonio García, de la que aún no había dado cuenta. Eso no tenía que desaparecer.

15:02 h

Con su paño de microfibra, se propone limpiar el polvo y la suciedad de los rótulos de las puertas, las señales de advertencia y la iluminación de las salidas de emergencia. “La capa de suciedad tiene que desaparecer ahora mismo. Venga, chucho, lámela”, se ríe de su propio chiste y le da golosinas al mastín.

15:34 h

Julián se acerca dócilmente remolcando el carro de limpieza y un pequeño tentempié para su jefe, cuyo estómago ahora ruge más que el del mastín del colega del segundo. “¡Pizza... mi comida favorita!”, se regocija el hambriento conserje y le hinca el diente inmediatamente. Y, ¡vaya!, sucede en un santiamén: el delicioso queso, graso, aceitoso y todavía formando hilos, aterriza junto con algo encargado de salsa en los azulejos de la cocina. Mientras que inmediatamente el mastín se lanza como relámpago sobre los desperdicios. “Esto tiene que desaparecer”, dice ahora el propio Julián y saca al mastín de la cocina.

15:35 h

“¿Y se supone que eso debe quedar así?” El Encargado Antonio García mira las huellas del perro con tomate y queso, que parecen hormigas en su camino hacia la siesta después de un festín. “Urge limpiar esto. Necesito una aspiradora.” María, la de recepción, lo mira dudosa: “¿Una aspiradora? ¿Para este nivel de porquería? Una aspiradora no lo hará desaparecer, no podrá con ello.” Pero no hay problema, porque el Encargado Antonio García, por supuesto, tiene un as bajo la manga: una aspiradora para limpieza en húmedo y en seco. “Eso es justo lo que hace falta aquí”.

16:47 h

Es casi la hora de irse a casa. Todavía da tiempo a repasar las ventanas del colega del segundo que tiene el mastín usando el juego de limpieza de ventanas. “Buen tipo, pero el chucho es demasiado grande, casi un caballo.” Y rápidamente aparece el mastín a la vuelta de la esquina con las patas todavía no muy limpias. “¡Noooo! Esto tiene que desaparecer, o mejor dicho, este chucho tiene que desaparecer.” El Encargado Antonio García toma su limpiador de alta presión y amenaza con él al dueño del perro (en broma, se entiende): “¿Él o yo?”.

17:07 h

Ya basta por hoy. Se acabó. Solo queda darle una pasadita a las botas en el limpiador de botas y para casa: “Julián, tienes que pasar por aquí, porque eso que llevas en los zapatos tiene que desaparecer, muchacho”. Un poco cansados del largo día, pero con los zapatos limpios, Julián y el Encargado Antonio García se marchan, cada uno a su casa. Mañana será otro día.
 

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